
Cuando hablamos del fútbol como fenómeno económico, la intuición popular tiende a confundir el presupuesto de un club con su impacto real en el territorio. Ambas magnitudes, sin embargo, no tienen nada que ver.
El presupuesto de un club refleja sus ingresos y gastos; el impacto económico mide la actividad que ese mismo club es capaz de generar en el conjunto del tejido productivo. Esta distinción es fundamental, ya que la rentabilidad de un club de fútbol no puede analizarse únicamente a partir de la última línea de su cuenta de resultados. Su influencia se extiende a otros ámbitos relevantes, como la salud de las personas, la integración social o la proyección y reputación de las ciudades. Pero es, sobre todo, en el ámbito económico donde este efecto puede cuantificarse con mayor precisión y donde adquiere una dimensión sistémica.
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